La industria del box

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Tuul Comunidad
Cedillo Deportes 20/04/2015 0 visits
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En una entrevista realizada en 2013 con motivo de la FIL (Feria Internacional del Libro), Juan Villoro realizó un corte disectivo y contundente: la feria es un fenómeno de la industria, no de la cultura. Y agrega: la cultura tiene un ritmo lento y las ferias son una aceleración artificial de ese ritmo. Recordé la entrevista mientras veía la transmisión que realizó Televisa de la pelea Fonfara vs. Chávez Jr.

                Antes que la transmisión, hay elementos que por jerarquía merecen un tratamiento más profundo y más delicado en esta pelea: el aumento de peso que dio para su vuelta al encordado luego de poco más de un año, la preparación física a la que se sometió, incluso la credibilidad o la ausencia de ella ante el record del hijo de la leyenda mexicana. Ante esto, la transmisión debería ser un aspecto básico, casi elemental. Pero no en nuestro siglo.

                Aficionado como soy, no me atrevo a llevar una tarjeta ni como broma, desde casa, en silencio y para mí. Así que no haré la intentona. Me limitaré a decir que no vi ganar un solo asalto a Julio César Chávez Jr. Con todo, Jorge “El Travieso” Arce, encargado de llevar simbólicamente una tarjeta de la pelea, inclinó la mayoría de los rounds hacia el mexicano. Incluso, justo al terminar el primer round, le preguntan sobre su resultado, y él dice: se lo doy a Julio César, por ser mexicano.

                “Por ser mexicano”, dice.

                El equipo de comentaristas, lejos de proponer la imparcialidad, le alienta cuando Jorge Arce repite a cada momento: espero que no me esté ganando el sentimiento. Los primeros rounds son firmes al decir que la estrategia de Chávez Jr. es la indicada, y que es cosa de tiempo para que la pelea sea suya. La respiración forzada del púgil ya en el cuarto asalto los desmiente.

¿Es esto el boxeo? ¿O no lo era y en esto se ha convertido? Al igual que subrayó Villoro, la transmisión realizada por Televisa no es un producto del boxeo, es un producto de la industria del boxeo, que con su chabacanería y sus intereses, ha ido diluyendo gradualmente la exposición de la profundidad del deporte. Ha puesto luces intensas sobre el espectáculo, ha extremado el término “entretenimiento”, a favor de los mass-media.

                En su ensayo La civilización del espectáculo, al hablar de las consecuencias que trajo el 68 para occidente entero, Vargas Llosa suelta una verdad de dientes afilados: aquella fue una guerra pírrica. En el intento de que la educación se democratizara, se banalizó. ¿De qué otra forma se puede llegar a las masas si no es facilitando, aligerando, compactando el producto? ¿De qué otra forma podría el boxeo tener más aficionados ─que se traducen en rating─ si no es tornándolo sencillo, aligerándolo de tácticas y estrategias, tan engorrosas ellas, y dando a cambio espectáculo, morbo, showtime, elementos virales en contraste con los primeros.

                El aficionado de recursos básicos es tristemente vulnerable a los comentaristas, que han dejado de buscar la parcialidad y se cimientan en los métodos de hipnotismo a favor de. A fuerza de escucharlos, este aficionado hipotético ─y común─ cree en ellos con fervor, al grado de creer que no sólo comparte ese ángulo de visión, sino que le pertenece. El aficionado regular, con cierto acervo, tiende al desencanto. Sin embargo, tiene siempre dos caminos: se aleja gradualmente del deporte, o termina resignándose y abrevando de del producto de la industria, que dejó de ser boxeo.


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