Filósofox
Filósofox 10316 puntos 06/03/2020 106468 visitas Reportar

Con el tiempo, hemos aprendido que la vida nunca es justa, a veces a las buenas personas, les pasan cosas malas y a las malas les va bien o no pagan sus fechorías, como prueba de ello son los miles de crímenes y delitos hechos por personas sin moralidad alguna, que muchas veces nunca obtienen lo que se merecen, o al menos saldar sus cuentas con la sociedad y la justicia, mucho menos han estado cerca de sufrir lo que provocaron en alguna ocasión, sin embargo, en otras ocasiones, el destino o el karma, llegan a hacer su respectivo trabajo y tarde o temprano, de una forma u otra los culpables pagan.

Prueba de ello, es el caso a continuación.   
   .

El caso

Crédito: tuul.tv

El 27 de noviembre de 1989, una muchacha de 18 años, llamada Mandy Stavik, fue a correr acompañada de su perrita Kyra, cerca de su casa, en Washington, Estados Unidos. Horas después Kyra llegó a casa por su cuenta, sin la joven.

Encontraron el cuerpo

Crédito: tuul.tv

La familia supuso que algo malo había ocurrido, ya que la perrita quería comunicar sin palabras, que algo le había pasado a Mandy. Inmediatamente los padres reportaron la desaparición se su hija a la policía, y aunque ellos no tardaron demasiado en recurrir al lugar, era demasiado tarde para la chica Días más tarde encontraron su cadáver flotando en el río Nokksack, a cinco kilómetros de donde vivía, con signos de violencia y agresiones sexuales. Los exámenes forenses determinaron que la joven había sigo violada, torturada y asesinada.

No había testigos

Crédito: tuul.tv

No había ni un sólo testigo que hubiera visto ese acto, no hubo nadie que diera testimonio o alguna pista que llevara a las autoridades competentes a encontrar al asesino. Sólo tenían algunas muestras de semen en su cuerpo, algo que hubiera sido pista suficiente actualmente, pero que en aquellos años no era muy eficiente. Sin embargo los investigadores no se dieron por vencidos, desde entonces la policía comenzó una larga investigación por todo el estado, se unieron muchos detectives que no pararon durante los 28 años de búsqueda, decenas de pistas se acumularon y se creó un perfil de ADN, a partir del semen encontrado en la víctima. Se realizó una campaña para recolectar material genérico, aportado por al menos 50 personas del área donde vivía Mandy, pero ninguna de ellas coincidía con el perfil del asesino.

Paso el tiempo

Crédito: tuul.tv

Los años continuaron pasando y sin algún sospechoso, el caso estaba listo para enviar al registro de miles de crímenes sin resolver de ese país. Sin embargo, uno de los hombres que los investigadores tenían siempre en mente, era Timothy Bass. Él había sido contactado por los oficiales en dos ocasiones, y en las dos se negó a darles la muestra de su ADN, las pruebas o sospechas no eran lo suficiente fuertes como para obligarlo, su actitud despertó sospecha e hizo que los investigadores se interesaran por su vida. Trabajaba como repartidor en una panadería del condado, en Bellingham, las autoridades fueron al lugar y solicitaron información específica acerca del trabajo del hombre en la empresa, pero ellos se negaron a proporcionar la información, sin una orden legal, por lo que a los oficiales se les hacía más difícil encontrar al culpable.