7 cosas que siempre encuentras en la casa de un mexicano

De seguro te identificas con varios artículos de los que vas a ver.

Mitófago
Ghostwriter 22/10/2020 25 visitas Reportar

Uno quiere pensar que es un ser único e irrepetible. Que lo que tú eres no lo es nadie más y no sólo eso, si no que eres tú el que decide sobre tu destino. Pero les puedo asegurar que la sociedad siempre afecta al individuo de alguna forma.

Y eso queda manifiesto en las cosas que se encuentran en una casa mexicana. Las familias mexicanas replican comportamientos que fueron heredados de sus padres, quienes los aprendieron a través de sus padres y de otros padres que hacían lo mismo.

Por ello, no es extraño si las casas mexicanas tienen una o varias cosas de esta lista.

1. El letrero o adorno colgado en la pared exterior

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Puede ser de índole religiosa (este hogar es católico, la cruz de palma del Domingo de Ramos), social (hogar dulce hogar, mi casa es tu casa), de ornato (el eclipse de cerámica o porcelana) o comercial (vendo bolis/paletas/hielo, etc.). El caso es que es común encontrarlo.

2. La bolsa de mandado

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No me digan que no. Y sobre todo ahora que prohibieron (guiño guiño) las bolsas de plástico para llevarte tus artículos del supermercado. Pueden ser las clásicas de malla plástica, las que dan en la carnicería o la tienda de abarrotes a fin de año. Una cosa es clara: no usen las que venden en los supermercados. Son muy frágiles.

3. La bolsa de las bolsas

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El clásico de clásicos. La bolsa donde se guarda todas las bolsas de plástico que adquirías al comprar. Allí metías las del supermercado, las plásticas de la carnicería. Toda bolsa plástica que podría desecharse y está aún en buen estado va a parar a la bolsa de las bolsas.

4. Botes de yogur o helado con todo, menos yogur y helado

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Esta es la versión mexicana del gato de Schrödinger. Botes de yogur y helado que, una vez que han cumplido su función, pasar a ser recipientes de de cualquier cosa: frijoles, salsa, barbacoa, pozole... Los de la imagen están señalizados, pero de niño abrías el bote ilusionado y te llevabas una decepción terrible, eso si antes no te tragabas de golpe el líquido sin averiguar que era antes.