Enseñarles a los niños desde pequeños sobre la gratitud es fundamental para su desarrollo y para que aprendan a no dar nada por sentado.

La gratitud es un sentimiento, emoción o actitud de reconocimiento de un beneficio que se ha recibido o recibirá. La experiencia de la gratitud ha sido históricamente un foco de varias religiones del mundo, y ha sido tratada de forma extensa por filósofos de la moral como Adam Smith.

El estudio sistemático de la gratitud dentro de la psicología no comenzó hasta aproximadamente el año 2000, posiblemente porque a psicología ha estado tradicionalmente más centrada en la comprensión de sentimientos desagradables que en entender las emociones positivas. Sin embargo, con la llegada de la psicología positiva, la gratitud ha pasado a formar parte del estudio de la psicología convencional. El estudio de la gratitud dentro de la psicología se ha centrado en la comprensión de la experiencia a corto plazo de la emoción de la gratitud (el estado de gratitud), las diferencias individuales en la frecuencia con que la gente siente gratitud (los rasgos de gratitud), y la relación entre estos dos aspectos.

Una gran cantidad de trabajos recientes han sugerido que las personas que son más agradecidas tienen mayor nivel de bienestar subjetivo. Las personas agradecidas son más felices, se sienten menos deprimidas, menos estresadas más satisfechas con sus vidas y sus relaciones sociales. Las personas agradecidas también tienen mayores niveles de control de sus circunstancias, crecimiento personal, propósito en la vida, y aceptación de uno mismo. Las personas agradecidas tienen formas más positivas de lidiar con las dificultades que experimentan en la vida, siendo más propensos a buscar ayuda de otras personas, reinterpretar y aprender de la experiencia, y dedicar más tiempo a la planificación de cómo lidiar con el problema.

La gratitud es un valor sumamente importante a fomentar en los niños desde que son pequeños, para que aprendan a aplicarlo en todo momento y sepan lo importante que es en su desarrollo y en el trato con todas las personas que los rodean.

1. Educa en el valor de la gratitud.

Puedes enseñar a tu hijo a practicar la gratitud de muchas formas distintas en el día a día, y aprovechar las diversas situaciones para enseñarle a dar las gracias. Educar a los niños en valores los hará crecer sanos y felices, además de que fomentarles la gratitud es una de las lecciones más importantes de su crianza y educación.

2. Sé un modelo de gratitud.

Crédito: La Vanguardia.

Así como todo lo que quieres enseñarle a tu hijo, debes ser un ejemplo de lo que enseñas y predicas, y al fomentar la gratitud es lo mismo. No puedes enseñarles una cosa y hacer otra; fomentar la gratitud comienza a partir de tus acciones y cómo ellos pueden ver que tú eres agradecido cada día en tu vida.

3. Agradecer en familia.

Crédito: InspireMyKids.

Aunque dar gracias, por ejemplo, antes de comer, suele tener connotaciones religiosas, puedes hacer una práctica para dar las gracias en familia al finalizar el día, y reconocer todas aquellas cosas, personas o situaciones por las que se sienten agradecidos y afortunados. Esto les ayudará a los niños a reconocer cada día por qué deben estar agradecidos de lo que tienen en su vida cada día.

4. Hablar sobre las cosas que valoramos.

Abre la conversación entre tú y tus hijos, para agradecer sobre diferentes cosas y que aprendan el valor de ellas; habla en familia sobre este tema y compartan experiencias. Esto logrará enseñarles a valorar lo que tienen y cómo viven, hasta las cosas más pequeñas y mínimas.