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Tlacaélel 1270 puntos 21/02/2020 97521 visitas Reportar

Durante el gobierno de Nezahualcóyotl en la flamante ciudad de Texcoco, la mujer fue muy protegida, al grado de que maltratarla o traicionarla representaba morir. Estas leyes las podemos encontrar en "Historia de la nación chichimeca" de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl.

Hoy en día, cuando parece que las mujeres han perdido la confianza en las calles y en los hombres, las leyes del rey poeta nos hacen envidiar aquella época.

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Tristemente hoy México no puede aspirar a mayores penas que el encarcelamiento y ese es el lastre con el que carga un país con una crisis de valores que lo lleva día a día a convertirse en uno en el que salir a la calle es un riesgo.

Pero veamos como era la realidad en aquel entonces, antes de la llegada de los españoles cuando la moral cristiana aún no permeaba la realidad de los pueblos nativos de lo que hoy es México.

 

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1. Todo por partes iguales

Crédito: google

En aquel entonces bastaba la queja de uno de los contrayentes para consumar el divorcio: “Que si alguna persona fuese casado y la mujer se quejase del marido y quisiese descasarse, que en tal caso los hijos que tuviese en ella el marido, los tomase y los bienes fuesen perdidos por iguales partes, tanto el uno como el otro, entiéndase, siendo culpable el marido”.

2. Protección para los padres

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Pobre de aquel que osara maltratar a sus padres: “Al hijo que levantase la mano para su padre o madre y de algún modo les injuriase, pena de muerte y ex-heredado, para que sus hijos, si los tuviese, no pudiesen suceder en los bienes de los abuelos”.

3. Divorcio por quejas

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Hombres y mujeres podían promover el divorcio por incumplimiento de su pareja: “Que el marido pudiese repudiar a la mujer floja y descuidada en los ministerios de su casa, o si fuese inquieta o pleitista, y asimismo pudiese ella separarse del marido”.

4. No abusar de las pequeñas que trabajaban en servicio

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A los niños que se portaban mal en aquel entonces, se les obligaba a ir en calidad de sirvientes con amigos y parientes, y se llamaban "tlacotin" que era una especie de esclavitud, pero si alguien abusaba de un tlacotin las consecuencias eran muy graves: “Si alguna esclava pequeña que no es de edad para hombre, alguno la toma, es esclavo el que se echó con ella”. Claro que existía la posibilidad de que un adulto embarazara a una pequeña tlacotin, por lo que si sucedía el responsable se convertiría en esclavo. “Si alguno se echa con esclava y muere estando preñada, es esclavo el que con ella se echó y, si pare, el parto es libre y llévalo el padre”.