El mercado del imperio mexica que recibía a 60 mil personas diariamente

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Tlacaélel 29/04/2019 485 visitas Reportar este contenido

¿Alguna vez te has preguntado como sería visitar Tenochtitlan? o mejor aún, ¿el corazón de Tenochtitlan?

Seguramente si, aunque también es probable que no sepas todo lo que ahí se podía encontrar, hablamos del enorme mercado de Tlatelolco donde según Cortés, había "todas las mercancías que en el mundo se hallan", ¿suena exagerado no? bueno, pues a continuación te contamos que más dijo Cortés.

 

Tenochtitlan

Cuando Cortés  llegó al actual territorio mexicano, específicamente a las costas de Veracruz, supuso que se iba a encontrar con tribus y pueblos salvajes fáciles de someter, pero la realidad fue muy distinta, pues las ciudades del México antiguo eran mas grandes que las europeas, con mas orden y mejor trazo urbanístico, sin problemas de salud pública y con una demanda cubierta al 100% en cuanto a educación pública de calidad y sin distinción de clases sociales, ejércitos profesionales, un muy alto desarrollo de las artes y ciencias y una impresionante cantidad de oficios y profesiones.

Tristemente lo único que les faltó a aquellas civilizaciones fue el desarrollo en armamento bélico que les pudieran equiparar a los europeos para repeler sus ataques.

Sin embargo, de entre todas aquellas cosas por las que los españoles se sintieron impresionados, hay algunas que incluso hoy podrían dejarnos con la boca abierta, tal como el mercado de Tlatelolco.

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Este mercado tuvo grandes aciertos que muestran la organización de las civilizaciones nativas, considerando sobre todo su enorme tamaño, pero lee a continuación tu mismo los detalles de los que te hablo en los siguientes fragmentos de la “Segunda Carta de Relación al rey de España del 8 de octubre de 1520”:

“tiene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor, donde hay cotidianamente arriba de sesenta mil almas comprando y vendiendo…”.

Este parece ser un dato exagerado que no puede confirmar la magnificencia de este mercado, sin embargo la ciudad de Salamanca en aquel entonces no superaba los 20 mil habitantes y ya era considerada una urbe ejemplar, mientras que únicamente el mercado de Tlatelolco era 3 veces mas grande. Pero esto apenas empieza.

El anterior no es ese el único aspecto impresionante. Cortés continúa su relato diciendo que en aquel lugar puede encontrar uno todas las mercancías del mundo, e incluso muchas de las que él desconocía su existencia:

“Hay todo género de mercaderías que en todas las tierras se hallan, así de mantenimientos como de vituallas, joyas de oro y plata, de plomo, de latón, de cobre, de estaño, de piedra, de hueso, de conchas, de caracoles y de plumas; véndese tal piedra labrada y por labrar, adobes, ladrillos, madera labrada y por labrar de diversas maneras…”.

Y las impresiones continúan con el relato de Cortés describiendo la organización del mercado, que nos hace visualizarlo mas bien como una plaza comercial de estos tiempos:

“cada género de mercaduría se vende en su calle, sin que entremetan otra mercaduría ninguna, y en esto tienen mucho orden. Todo lo venden por cuenta y medida, excepto que hasta ahora no se ha visto vender cosa alguna por peso…”.

 

Tlatelolco

En este apartado Cortés hace mayor énfasis, relatando los pasillos que alcanzó a ver en su recorrido y que tanta impresión la causaron:

Departamento aviario:

“hay calle de caza donde venden todos los linajes de aves que hay en la tierra, así como gallinas, perdices, codornices, lavancos, dorales, zarcetas, tórtolas, palomas, águilas, halcones, gavilanes y cernícalos y de algunas aves destas de rapiña venden los cueros con su pluma y cabezas y pico y uñas…”.

Departamento de carnes rojas:

“venden conejos, liebres, venados y perros pequeños, que crían para comer…”.

Departamento médico:

“hay calles de herbolarios, donde hay todas las raíces y yerbas medicinales que en la tierra se hallan…”.

Departamento de frutas y verduras:

“hay todas las maneras de verduras que se hallan, especialmente cebollas, puerros, ajos, mastuerzos, berros, borrajas, acederas y cardos. Hay frutas de muchas maneras, en que hay ciruelas y cerezas que son semejantes a las de España”.

Departamento de dulcería:

“venden miel de abejas y cera y miel de cañas de maíz que son tan melosas y dulces corno las de azúcar, y miel de unas plantas que llaman maguey, que es muy mejor que arrope; y destas plantas hacen azúcar y vino, que asimismo venden…”.

Departamento de textiles, pieles y pinturas:

“hay a vender muchas maneras de hilado de algodón de todos los colores, en sus madejitas, que parece propiamente sedas de Granada. Venden colores para pintores cuantos se pueden hallar en España y de tan excelentes matices cuanto pueden ser. Venden cueros de venado con pelo y sin él, teñidos, blancos y de diversos colores…”.

Departamento de artículos de cocina:

“venden vasijas de tinajas grandes y pequeñas, jarros, ollas, ladrillos y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular barro, todas o las más vidriadas y pintadas…”.

Departamento de alimentos:

“venden maíz, en grano y en pan, lo cual hace mucha ventaja, así en el grano como en el sabor, a todo lo de las otras islas y Tierra-Firme. Venden pasteles de aves y empanadas de pescado. Venden mucho pescado fresco y salado, crudo y guisado. Venden huevos de gallinas y de ánsares y de todas las otras aves que he dicho en gran cantidad, venden tortillas de huevos hechas…”.

Departamento de muebles:

“…y esteras de muchas maneras para camas, y otras más delgadas para asiento y esterar salas y cámaras”.

Y, por si fuera poco, había cargadores, que vendrían ser como los carritos del super hoy en día:

“hay hombres como lo que llaman en Castilla ganapanes, para traer cargas…”.

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Tlatelolco

Pero, además de cargadores, también había esclavos en venta, que más bien eran deudores pagando a sus acreedores a través del servicio. Sin embargo, como no todos requerían sirvientes, algunos los vendían en tal mercado para recuperar su dinero.

Sin duda alguna, un aspecto impresionante de este sitio era el catálogo de productos y servicios que se ofrecían, equivalentes a los que hoy brindan las plazas comerciales. Cortés se muestra impresionado en su relato y no da lugar a lo que está viendo:

Farmacias:

“hay casas como de boticarios, donde se venden las medicinas hechas, así potables como ungüentos y emplastos…”.

Peluquerías:

“hay casas corno de barberos, donde lavan y rapan las cabezas…”.

Restaurantes:

“hay casas donde dan de comer y beber por precio”.

¿Pues tal parece que de incivilizadas las civilizaciones prehispánicas no tenían nada verdad? y es de suponerse que Cortés no recorrió todo a detalle y solo escribió lo que le vino en mente al momento de redactar.

Pero eso no es todo, pues Cortés continua relatando sobre la impartición de justicia en dicho mercado, los jueces e inspectores:

“Hay en esta gran plaza una muy buena casa, como de audiencia, donde están siempre sentados diez o doce personas que son jueces y libran todos los casos y cosas que en el dicho mercado acaecen y mandan castigar los delincuentes. Hay en la dicha plaza otras personas que andan continuo entre la gente mirando lo que venden y las medidas con que miden lo que venden, y se ha visto quebrar alguna que estaba falsa…”.

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Para cerrar con broche de oro, el capitán español termina su testimonio con la más sincera de sus impresiones, aceptando que no esperaba encontrar algo semejante, pues lo visto ha superado a su imaginación:

“…y por no ser más prolijo en la relación de las cosas de esta gran ciudad, aunque no acabaría tan aína, no quiero decir más sino que en su servicio y trato de la gente de ella hay la manera casi de vivir que en España, y con tanto concierto y orden como allá, y que considerando esta gente ser bárbara y tan apartada del conocimiento de Dios y de la comunicación de otras naciones de razón, es cosa admirable ver la que tienen en todas las cosas”.

Todo esto, escrito un 8 de octubre de 1520, del puño y letra de Hernán Cortés, un año antes de la caída de Tenochtitlan.

 

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